COMO RECORDAR MEJOR LO QUE ESTUDIAMOS

Por fin una tarde decides ponerte a estudiar. Se trata de una asignatura nueva y es la primera vez que abres el libro. Te marcas como objetivo leerte el primer capítulo en esa primera jornada de estudio. Comienzas a leer y todo te suena a chino.

Tu cabeza se llena de multitud de conceptos que núnca habías escuchado antes. Tienes que hacer un esfuerzo tremendo por continuar leyendo. Cada párrafo está repleto de información desconocida que tienes que ir asimilando. Sigues leyendo y parece que poco a poco te vas enterando de algo.

Llegas al final del tema y cierras el libro. Estás algo mareado por el atracón de información nueva. Aún así te sientes satisfecho porque crees que has aprovechado la tarde. Podrías incluso explicarle a alguien lo que te acabas de estudiar.

Sin embargo van pasando los días y toda esa nueva información que has adquirido comienza a desaparecer. Una nube cada vez más espesa se interpone entre tú y la información. Una semana después apenas eres capaz de recordar alguno de esos nombres tan difíciles. No hablemos ya de tratar de definirlos o de recordar su relación con el resto de conceptos. Todo ha desaparecido como por arte de magia.

¿Te suena esta situación?

Bueno, pues aquí la magia poco tiene que ver. Todo este proceso de olvido no es nuevo, de hecho se conoce desde el siglo XIX gracias al estudio de La Curva del Olvido. Comprender cómo funciona esta curva es la mejor manera de evitar que la situación anterior vuelva a repetirse.

La Curva del olvido

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La curva del olvido explica cómo retenemos la información que estudiamos. Todos sus cálculos se basan en 1 hora de estudio.

A continuación describiré lo que ocurre con esta curva desde el primer día que nos ponemos a estudiar hasta los días sucesivos.

Día 1

Este es tu primer día de estudio. Comienzas con un conocimiento de 0% (es decir, no sabes absolutamente nada del tema) y al final del estudio obtienes un conocimiento de 100%. Esto no quiere decir que te hayas convertido en un experto de repente. El 100 es la medida máxima que has conseguido nada más cerrar el libro. Para unas personas este 100 puede estar más cargado de información que para otras. Todo depende del grado de concentración que le has dedicado a esa hora de estudio.

Día 2

Si durante este día no haces nada para recordar lo aprendido el día anterior (aunque sólo sea pensar un poco en ello), por la noche habrás olvidado entre 50%-80% de toda la información. Es decir, tan sólo recordaras el 50%-20% de esa hora de estudio. Nuestro cerebro recibe un bombardeo continuo de información cada día y por esta razón tiene que eliminar la información que no considera importante. Nuestro deber es comunicarle al cerebro cuáles son las partes que debe retener. La mejor manera de hacerlo es mediante el repaso.

Día 7

Una semana después sólo recordaremos un 10% de toda la información aprendida durante el primer día.

Día 30

Si ha pasado 1 mes y no hemos hecho nada en todo este tiempo por recordar lo estudiado, tan sólo mantendremos un 2% de la información aprendida en aquel día tan lejano. Volver a estudiar de nuevo ese tema es casi como cogerlo de cero.

Cambia la forma de la curva del olvido:

Comprender todo el proceso anterior nos permite alterar la forma de la curva para que juegue a nuestro favor.

Tan sólo necesitamos invertir una cantidad de tiempo muy pequeña durante los días sucesivos para que la curva no descienda. A continuación podéis ver la línea amarilla que describe la nueva curva.

curva2

 

 

 

 

 

 

Día 2

Tan sólo son necesarios 10 minutos de repaso durante este día para volver a colocar la curva en el 100. Quiero puntualizar que estos 10 minutos se corresponden con 1 hora de estudio inicial. Es decir, si inicialmente estudiaste 3 horas, en este segundo día tendrás que hacer un repaso equivalente de 30 minutos.

Día 7

Sólo necesitas 5 minutos para reactivar toda la información (siempre teniendo en cuenta que ya hiciste una reactivación durante el día 2). Si estudiaste 3 horas, necesitarás 15 minutos para reactivar la información.

Día 30

Si has ido repasando puntualmente durante los días anteriores, llegado el día 30 tan sólo necesitarás 3 minutos para recordar el contenido de aquella hora de estudio.

No malgastes tu tiempo

¿Te parece que hay que invertir demasiado tiempo durante todo este proceso? Vamos a hacer un pequeño cálculo.

Vamos a calcular los minutos necesarios de estudio con la curva “clásica” y la curva “modificada”.

Curva clásica

60 minutos (hora inicial) + 60 minutos (el día 30 casi empezando de 0) = 120 minutos

Curva modificada

60 minutos (hora inicial) + 10 minutos (día 2) + 5 minutos (día 7) + 3 minutos (día 30) = 78 minutos

La curva clásica nos obliga a invertir 42 minutos más para conseguir los mismos resultados que con la curva modificada. Vuelvo a remarcar el hecho de que estos cálculos se basan en 1 hora de estudio. Para cantidades mayores los resultados aumentarían exponencialmente.

Vamos a ver lo que ocurriría con 3 horas de estudio

Curva clásica

180 minutos (3 horas de estudio iniciales) + 180 minutos (día 30) = 360 minutos

Curva modificada

180 minutos (3 horas de estudio iniciales) + 30 minutos (día 2) + 15 minutos (día 7) + 9 minutos (día 30) = 234 minutos

Esta vez las diferencias de tiempo entre elegir una curva u otra sobrepasan las 2 horas.

¿Es que del día 7 al 30 no se estudia nada?

Lanzo esta pregunta porque sé que más de uno me lo va a preguntar. El estudio y la forma de estudiar de cada uno no es una ciencia exacta. Estos números son una aproximación.

Cuando se quiere representar el cambio en el tiempo mediante un gráfico se escogen valores extremos para visualizar mejor la magnitud de esta variación. El día 30 marca el punto máximo en el cual hemos olvidado casi toda la información.

Personalmente considero que no conviene esperar tanto, es decir, si hemos repasado el día 7 no vendría mal volver a repasar el día 15. La mejor forma de obtener beneficios de esta forma de estudio es ponerla en práctica. Haz la prueba y estudia 2 temas, uno con la curva clásica y otro con la curva modificada. Luego me cuentas tu experiencia.

Muchas veces nos quejamos de la falta de tiempo para sacar las asignaturas adelante. Realmente se trata de una falta de planificación y organización.

Con menos tiempo se pueden conseguir los mismos resultados. O lo que es lo mismo: con el mismo tiempo y una buena planificación obtendremos mejores resultados.

LA PALABRA QUE NADIE QUIERE MENCIONAR: CÁNCER

Vamos a detenernos sobre una de las enfermedades graves que más temor genera por su virulencia y sus consecuencias: el cáncer.

 

Si bien el tema excede el marco de esta publicación, nos referiremos al mecanismo de la génesis tumoral, a fin de mostrar la importancia de la depuración corporal en su desarrollo. Para ello utilizaremos algunos conceptos del Dr. Christopher Vasey, quien en su libro “Comprender las enfermedades graves” realiza una didáctica explicación del fenómeno.

Mucho se habla de la grave exposición a las sustancias cancerígenas, como factor  desencadenante de los tumores. Sin embargo, no basta con eliminar todas las sustancias cancerígenas conocidas para estar a salvo del cáncer.  Una célula normal puede convertirse en cancerosa cuando el medio se degrada  por sobrecargas y carencias. En este contexto, el destino de la célula cancerosa  depende totalmente del terreno, pues una célula cancerosa no se convierte  automáticamente en un tumor maligno.

Todo ser vivo, ya sea un microbio o una célula (cancerosa o no), sólo puede vivir en un organismo que lo acepta y le ofrece condiciones para su desarrollo. Cuando esto ocurre, los microbios se multiplican y se genera una infección; si se trata de una célula cancerosa, su multiplicación genera un tumor. Pero cuando  el terreno no ofrece las condiciones necesarias, el microbio resulta inofensivo  y es destruido, mientras que la célula cancerosa también es destruida  por el medio hostil.

Conociendo el mecanismo reproductivo de las células, es interesante analizar cuánto  se necesita para que una célula cancerosa se convierta en un tumor amenazante.  Se sabe que la diferencia entre una célula cancerosa y una normal, está dada porque aquella se divide cada vez en dos células fértiles, mientras ésta se divide en una fértil y una estéril. Esa es la razón por la cual un tejido sano es estable y un tejido canceroso crece en forma rápida. Con el auxilio de las matemáticas, veremos cuán “lenta” es dicha velocidad inicial y cuánto puede hacerse entre tanto.

Tengamos siempre presente que la teórica multiplicación geométrica de las Células cancerosas requiere de una condición esencial: que el sistema inmunológico de dicho organismo no cumpla su función, es decir que no actúe como debe, sea por toxemia corporal o por carencias nutricionales. Una célula cancerosa se divide cuatro veces al año aproximadamente. Esto quiere decir que al cabo de un año, la célula original se habrá convertido en dieciséis células, cifra insignificante en un organismo compuesto por billones de células. Recién al tercer año, el tumor habrá alcanzado el número de mil células. Aún continúa sin representar peligro alguno, pues resulta inestable y mal asentado en los tejidos, pudiendo ser destruido y eliminado con facilidad. Si las condiciones del medio le son desfavorables, puede desaparecer espontáneamente. Es más, se sabe que tales tumores existen corrientemente en el organismo, pero no tienen efectos molestos si el sistema inmunológico
funciona y el terreno está sano.

Para llegar al estadio del millón de células hace falta llegar al quinto año de desarrollo, siempre en la hipótesis de crecimiento libre, como consecuencia de la inacción del sistema inmunológico. Aún así estamos en presencia de un tumor que solo mide un milímetro, pesa un miligramo y resulta demasiado pequeño para ser detectado con las técnicas actuales.

Deberemos esperar hasta el octavo año para que alcance el estado de los mil millones de células; entonces mide aproximadamente un centímetro y pesa un gramo. Ha logrado crecer e instalarse sólidamente en los tejidos y recién ahora
puede ser detectado. Aquí inicia la fase realmente peligrosa para el organismo, pues comienza su propagación: las células se desprenden del tumor madre (metástasis) y a través de los fluidos corporales van a colonizar otras partes del cuerpo.

Hacia el décimo año el tumor alcanzará la masa crítica del billón de células, pesará un kilogramo y medirá diez centímetros. Seguramente provocará la muerte del portador, pues el organismo no puede resistir semejante masa tumoral. Pero debemos reflexionar que  para llegar a tal estado de gravedad, han debido transcurrir ocho años de evolución imperturbada; ocho años en los cuales el sistema inmunológico no cumplió su cometido; ocho años en los cuales la toxemia corporal brindó las condiciones adecuadas para que se reprodujera sin problemas!!!

Si bien la descripción del ejemplo es teórica, pues la velocidad de desarrollo de un tumor es totalmente dependiente de las condiciones del medio en que se encuentra, sirve para demostrar cuánto dejamos de hacer… y cuánto podemos hacer por nuestra salud!!! Cualquier mejora que introduzcamos en la calidad de los fluidos orgánicos, representa  una reducción de las posibilidades de desarrollo del tumor. Cuanto más toxinas se expulsan y más se satisfacen las carencias, más vitalidad recuperan las células normales y más adversas se vuelven las condiciones para las células cancerosas. Todo esto nos indica dos cosas. En primer lugar: el avance o retroceso del tumor depende de la tarea que el portador esté dispuesto a  realizar sobre su terreno orgánico. En segundo lugar: nunca es tarde para comenzar a rectificar los errores que llevaron al desarrollo del tumor. Utilizando dichos populares, podemos decir que… “siempre algo es mejor que nada” y “más vale tarde que nunca”.

Dado el rol preponderante del sistema inmunológico en la velocidad de desarrollo de la masa tumoral, se ha  convertido en paradigma culpar a las cuestiones emocionales y al estrés por su derrumbe funcional. Si bien se trata de una media verdad, es muy reductivo pensar que un problema emotivo sea la causa de la proliferación tumoral.

Para comprender mejor, podemos valernos de una analogía mecánica. Tomemos el caso de una caldera que explota por exceso de presión (causa); la media verdad sería culpar a los remaches por no haber soportado la exigencia
(consecuencia). Si se hubiese mantenido la presión en términos aceptables, los remaches estarían en su lugar, cumpliendo su cometido. En nuestro caso, un shock emocional no puede derrumbar un sistema inmunológico (consecuencia), si no estuviese previamente colapsado por la tremenda exigencia de un terreno adverso (causa). Incluso el estrés sólo puede hacer
mella en un organismo intoxicado y con carencias de nutrientes. Una persona razonablemente depurada y nutrida, difícilmente caiga en una crisis emocional, pues tendrá la capacidad de ver el vaso “medio lleno” en lugar del “medio vacío”.

Muchos pacientes que han sufrido extirpación quirúrgica y/o destrucción de células cancerosas mediante radioterapia o quimioterapia, piensan que ya está todo resuelto. Por cierto habrán aliviado al organismo de la carga que esto representaba, pero no habrán resuelto el problema de fondo: la corrección del terreno, capaz de poner a raya el desarrollo del tumor. Es más, las terapias -altamente agresivas- habrán contaminado aún más el terreno y por lo tanto habrán empeorado las condiciones generales del organismo.

Si se comprende que síntomas y enfermedades no son más que la punta de un gran iceberg (la intoxicación corporal), es necesario que el paciente se haga responsable de su curación, ejerciendo su derecho natural a la plena salud. La
mayoría de los enfermos no se responsabiliza de su estado, considerándolo un problema del terapeuta; mas aún en el caso de las enfermedades graves.Normalmente se actúa como si la enfermedad fuese un ente externo que ha poseído al enfermo, a quien se lo considera víctima inocente de la mala suerte.
El paciente baja los brazos y rápidamente se pone en manos de un especialista, olvidando que sólo él generó el problema y sólo él puede resolverlo, rectificando sus errores.  A lo sumo el terapeuta puede ayudar, recordando el camino de retorno al estado de equilibrio; pero es el afectado quién deberá recorrerlo personalmente.

LA PUNTA DEL OVILLO

En presencia de un organismo sobrecargado de toxinas, y más aún si dicho estado de sobrecarga es antiguo, la pregunta es: ¿por dónde empezar? Por cierto, cada organismo es distinto y reacciona en forma diferente, pero en todos los casos la necesidad imperiosa es una: limpiar  para mejorar el estado del terreno. Ante todo hay que tener en claro una estrategia de acción global, basada en tres aspectos: evacuar los desechos acumulados, evitar que penetren nuevos desechos y satisfacer las carencias orgánicas. Los dos últimos puntos se deben abordar desde lo nutricional, tema que abordamos en otro articulo. Ahora nos ocuparemos del proceso de desintoxicación.

Quién ha realizado alguna cura depurativa, habrá constatado la cantidad de toxinas que pueden acumularse en el cuerpo. Cuando el organismo ve sobrepasada su capacidad de eliminación, no tiene más remedio que almacenar la escoria tóxica remanente, esperando que en algún momento se produzca la pausa que permita ocuparse de los desechos. Esta pausa sería
el antiguo y olvidado hábito del ayuno, o bien una crisis depurativa en forma de gripe, pero como las pausas nunca llegan o se reprimen con fármacos, los remanentes tóxicos cada vez se incrustan más en las profundidades de los tejidos, encapsulados en cuerpos grasos para evitar que generen daño. Esta lógica corporal es la que usamos en casa cuando hay huelgas de recolectores de basura. Mientras esperamos que se restablezca el servicio, depositamos los residuos en bolsas gruesas, para evitar que contaminen la vivienda. Al iniciar un proceso de evacuación de desechos acumulados, es importante tener en claro la lógica funcional del organismo, a fin de actuar en el mismo sentido y no contravenir sus leyes fisiológicas. El objetivo es remover los desechos incrustados en los tejidos, para que se vuelquen a los fluidos (fundamentalmente sangre y linfa), que luego descargarán en los respectivos órganos de eliminación (emuntorios).

Esta comprensión del proceso, nos permite establecer un orden de prioridades en la tarea: en primer lugar abrir las puertas de salida (emuntorios) y luego remover  los desechos incrustados en los tejidos. Si hacemos al revés, o ambas cosas al mismo tiempo, la liberación de las viejas toxinas será una masa demasiado importante para emuntorios todavía insuficientemente operativos. En otras palabras: es preferible evacuar las toxinas superficiales presentes en los órganos de eliminación, antes de poner en circulación aquellas incrustadas en el interior de los tejidos.

De esta manera entendemos lo peligroso que significa una severa dieta adelgazante en una persona obesa que no haya tenido esta precaución. El estado de sobrepeso, es una clara señal de severa y  profunda intoxicación orgánica. Los depósitos grasos no son más que un intento del organismo por encapsular y aislar la masa tóxica que lo agobia. Si la persona no activa
previamente los órganos de eliminación,  la brusca combustión de adiposidad (algo indudablemente positivo) puede convertirse en causa de colapso, dada la marea de venenos que circularán por el organismo.

En este sentido es importante la puntualización que realiza el Dr. Julio César Díaz y que tiene que ver con la intoxicación generada por fármacos ingeridos en exceso: “Los medicamentos y los químicos en general, son solubles en grasa
y antes de ejercer una acción sobre el organismo, saturan dicho tejido adiposo. O sea que en los tejidos de una persona obesa, además de químicos tóxicos, es probable que también se encuentren almacenadas dosis importantes de sedantes, corticoides, analgésicos y otras drogas consumidas en exceso mucho tiempo atrás. Cuando la persona baja de peso rápidamente, estas sustancias se vuelcan al torrente sanguíneo y producen el efecto para el cual fueron concebidas, pero que ahora está fuera de contexto. Es un tema grave, demasiado frecuente en la práctica clínica y generador de muchas urgencias
médicas”.

EN BUSCA DE LA SALUD PERDIDA

11376105-nino-enfermo-en-la-camaAunque muchas personas piensen lo contrario, lo cierto es que los fármacos, las hierbas medicinales, las terapias o los tratamientos terapéuticos, lejos de mejorar la condición física del paciente, empeoran su situación. Puesto que el ser humano sólo puede confiar en su propio organismo para iniciar un proceso de recuperación, tendremos que satisfacer todas sus necesidades esenciales.

A diario recibo numerosas peticiones de lectores que solicitan remedios terapéuticos. En contra de la creencia popular, debemos dejar bien claro que el término “curación” carece de sentido al tratarse de un mito perpetrado por las autoridades sanitarias. Cuando el organismo advierte la existencia de sustancias perniciosas en el interior de sus órganos, inicia un proceso de desintoxicación que la comunidad sanitaria confunde incomprensiblemente con la enfermedad. Cualquier interferencia en este proceso de emergencia interrumpe drásticamente la medida de limpieza y provoca una mayor acumulación de residuos tóxicos en el interior del organismo. Como resultado de esta transgresión fisiológica, el ser humano sufre una inestabilidad estructural que se traduce en un estado de disfuncionalidad orgánica.

Si sus hábitos de vida se encuentran en clara confrontación con sus disposiciones biológicas –alimentos fritos y cocinados, condimentos, aderezos, huevos, carne, pescado, productos lácteos y legumbres–, su organismo iniciará una serie de medidas de limpieza que pondrán fin a su estado de toxicidad orgánica. Esta situación empeorará si duerme pocas horas, no realiza ejercicios, sufre de estrés, se encuentra cansado o no recibe los beneficios de la luz natural. En resumidas cuentas, si no satisface las necesidades esenciales que enumerare más adelante, continuará sufriendo las consecuencias de la enfermedad.

Cada vez son más las personas que, fruto de los hábitos de vida insalubres, sufren alguna que otra condición patológica. El cansancio, el estrés, la falta de sueño, la inestabilidad emocional o las prácticas dietéticas perniciosas son algunos de los factores que provocan una fermentación o putrefacción (indigestión) en el tracto intestinal. Cuando la cantidad de sustancias tóxicas presentes en el interior del organismo supera su capacidad de tolerancia, el organismo humano utiliza unos canales extraordinarios de expulsión.

Basta comprobar la saburridad de la lengua tras permanecer veinticuatro horas sin consumir otro producto que no sea agua, para demostrar la existencia de sustancias tóxicas en el interior del organismo. Puesto que el cuerpo humano requiere toda su energía para iniciar un proceso masivo de desintoxicación, le recomiendo se someta a un régimen de ayuno para facilitar esta recuperación natural. (siempre bajo la guia y supervision de un profesional)

Como ya he indicado con anterioridad, la enfermedad surge como resultado de un estado de toxicidad que recibe el nombre de toxemia o toxicosis. Cuando el cuerpo humano inicia una crisis de desintoxicación –resfriados, gripes, dolores de cabeza, tos, conjuntivitis, acné, herpes o dolores de garganta–, debemos cooperar con el organismo y no interferir en su proceso de curación. Lejos de mitigar sus esfuerzos vitales con la administración de fármacos, hierbas o tratamientos terapéuticos, tenemos que guardar cama y descansar. Puesto que el proceso digestivo requiere un gasto importante de energía, es recomendable inicie un programa de ayuno que facilite la acción del organismo. Los alimentos, el esfuerzo físico y la ingestión de fármacos o hierbas medicinales no harán más que empeorar la situación. Curiosamente, el índice de mortalidad desciende hasta en un sesenta por ciento cuando los médicos inician una huelga general, reduciéndose con ello la administración de sustancias perniciosas.

LIBRO NUTRICION DEPURATIVA

En su automóvil ¿usaría un combustible inadecuado? Sin embargo, es lo que hacemos diariamente en nuestro sofisticado organismo. Peor aún: al cuerpo no le hacemos el mantenimiento indispensable para cualquier maquinaria. Así vamos perdiendo calidad de vida, hasta llegar a los terribles procesos degenerativos. El ensuciamiento es un fenómeno reciente, generado por la antinatural forma de alimentarnos, con alimentos no adaptados a nuestra fisiología. Entonces la digestión se hace insuficiente, la flora se desequilibra, se incrementa la permeabilidad intestinal, la sangre se intoxica, se desarrollan parasitosis, colapsa la función hepática y se “tilda” el sistema inmune. Problemas y soluciones: todo está al alcance de nuestra mano. Nutrición Depurativa ayuda a tomar consciencia de la situación y brinda prácticas herramientas para la toma de decisiones, a fin de recuperar la plenitud usando alimento fisiológico y vitalizante. Pleno de análisis, consejos, técnicas y recetas. 511 páginas.

Desde el link de esta pagina puede bajar el libro NUTRICION DEPURATIVA de Nestor Palmetti, un compendio sobre nutricion, y como solucionar el problema de toxemia y enfermedades crónicas, un verdadero manual de consulta para el que recién se inicia.

http://www.mediafire.com/download/99tw6hf061po259/NUTRICION_DEPURATIVA.pdf

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MAS MENTIRAS QUE VERDADES SOBRE LA SOJA

LA LECHE DE SOJA Y LOS PRODUCTOS ELABORADOS CON SOJA SIN FERMENTAR NO SON ACONSEJABLES

En varias ocasiones hemos traído a nuestras páginas los resultados de estudios realizados por diferentes instituciones de todo el mundo según los cuales la soja reportaría innumerables e importantes beneficios para la salud. Bien, pues son cada vez más los expertos que afirman que los productos fermentados de soja -el miso, el tempeh, la salsa de soja y el natto- se pueden ingerir pero con mucha moderación porque si no también son dañinos pero no es en modo alguno aconsejable tomar los que contienen ese alimento sin fermentar, leche de soja incluida. No solo no tendrían las propiedades beneficiosas que se les atribuye sino que pueden perjudicar gravemente la salud.

Si el lector revisa en nuestra web -www.dsalud.com- la sección de Noticias comprobará que en al menos nueve ocasiones nos hemos hecho eco de estudios que aseguraban haber descubierto o confirmado alguna nueva propiedad o indicación de la soja (aparecen en los números 7, 18, 23, 33, 62, 64, 101, 105 y 108). Incluso le dedicamos íntegra la sección de Alimentación del n° 48. Bien, pues de la misma manera que en su momento dimos cuenta de los resultados de las supuestas bondades de la soja queremos ahora recoger los informes de otros estudios -algunos de ellos realizados hace años pero de los que hemos tenido conocimiento recientemente- que ponen en entredicho algunas de esas cualidades, especialmente en lo que a las proteínas de la soja se refiere cuando ésta no han sido fermentada. Y es que se asegura ahora que, en contra del mensaje interesado que durante décadas ha estado lanzando la industria de la soja, en Oriente -de donde este alimento es originario y donde según se nos ha hecho creer se consume a diario en cantidades importantes, algo que se supone explicaría la buena salud general de los orientales- no es consumida de forma directa ni frecuente sino en pequeñas cantidades, de vez en cuando y siempre transformada en subproductos fermentados.

Por tanto todo indica que la soja sigue guardando secretos… o más bien la industria que la comercializa que no quiere que lleguen a oídos del consumidor algunos aspectos de este alimento oriental que podría dañar seriamente su imagen y sus ventas.

UNA VERDAD INCÓMODA

“La soja es naturalmente tóxica ya que contiene antinutrientes y sustancias que alteran nuestros equilibrios hormonales. Y en su procesamiento se añaden otros venenos. Además en su mayoría es transgénica “Así de contundente se mostraba en junio de 2005 Alfredo Embid -coordinador de la Asociación de Medicinas Complementarias- en un artículo publicado en la revista Medicina Holística que básicamente resumía lo contenido en los numerosos textos científicos publicados en Soy Online Service (invitamos al lector a leerlos en su web –www.soyonlineservice.co.nz/home.html- o en la de la Asociación de Medicinas Complementarias: www.amcmh.org). Un texto en el que Embid desmintió ya entonces gran parte de las afirmaciones que sobre la soja hace la industria alimentaria desde hace décadas. Como la de que se consume de forma habitual y masiva desde hace milenios en Oriente cuando como Embid decía en su texto “un estudio del uso histórico de la soja en Asia muestra que sólo fue usada por los pobres. Éstos, cuando no tenían nada que comer, consumían frijoles de soja pero preparándolos cuidadosamente para destruir antes todas sus toxinas”. Asimismo explicaría que la soja sólo se consumía tras su fermentación. Según él en Asia la soja “es sólo un complemento alimenticio que se utiliza fundamentalmente como condimento en forma de salsa de soja y en otros productos fermentados que ni se comercializan ni se toman apenas en Occidente como el miso, el tempeh o el natto”

Respecto a las fórmulas de soja para alimentar a bebés que cada vez son más empleadas en Occidente alegando que así se hace en los países orientales Embid lo desmiente igualmente: “Las fórmulas de leche de soja rara vez se usaban en Asia para alimentar a los niños” Y para apoyar su afirmación recuerda que “ya en un escrito de 1930 el doctor Ra Guy, del departamento de Salud Pública de la Facultad de Medicina de Pekín (China), se dice que nunca se ha usado leche de soja para alimentar a los niños en Pekín. Esa fórmula no se hace en las casas sino que es vendida en las calles como una bebida caliente rica en proteínas siendo usualmente bebida por ancianos en vez de té. La leche de soja, aparte de ser dañina para los niños, es difícil de preparar’”.

En cuanto a la afirmación de que “la soja es un alimento que sustituye a las proteínas de los productos de origen animal” Embid aclara que “la soja es muy rica en proteínas pero es relativamente pobre en el aminoácido azufrado cistina, precursor de la cisteína, del glutatión y de la taurina. Además su procesamiento a altas temperaturas tiene el desafortunado efecto secundario de desnaturalizar la lisina y los demás aminoácidos”.

Por lo que respecta a lo sostenido por la industria acerca de que “la soja contiene ácidos grasos omega 3 beneficiosos” Embid responde que “los procesos de elaboración de la mayoría de los productos a base de soja se desarrollan a altas temperaturas que desnaturalizan los ácidos grasos poliinsaturados y producen ácidos grasos trans-inactivos”.

También añade, en contra de la idea de que contiene nutrientes de fácil asimilación, que “la soja induce una marcada descalcificación, es deficitaria en hierro -lo que puede llevar a la anemia-,deficitaria en vitamina B12,deficitaria en tiamina o vitamina B1 -se han dado casos de
bebés alimentados con fórmulas de soja con beriberi grave- y deficitaria en el aminoácido lisina”.

Además la soja contiene diversos antinutrientes. Embid menciona entre ellos “los inhibidores de enzimas digestivos (inhibidores de la proteasa) como la tripsina y otros necesarios para la digestión de proteínas”. Explicando luego que“los inhibidores de la tripsina y la hemaglutinina son además inhibidores del crecimiento. Y los inhibidores de la proteasa han sido acusados de provocar problemas pancreáticos” De hecho Soy Online Service publica los resultados de un estudio realizado con ratas según el cual “niveles elevados de exposición a los inhibidores de la proteasa causan cáncer pancreático mientras niveles moderados provocan que el páncreas de la rata sea más susceptible a los agentes cancerígenos”.

También serían antinutrientes contenidos en la soja según Embid “el ácido fítico presente en un grupo de sustancias denominado fitatos que están presentes en el salvado o la cáscara de todas las semillas. Los fitatos son quelantes, es decir, pueden unirse a iones metálicos y bloquear la asimilación y la biodisponibilidad de minerales esenciales: calcio, magnesio, cobre, hierro y, especialmente, zinc”. Dato que debe ser tenido especialmente en cuenta por los vegetarianos y por las madres que alimentan a sus bebés con fórmulas a base de soja.

Otro motivo de alarma sería el hecho, según explica Embid, de que “se ha comprobado que las fórmulas infantiles basadas en la soja pueden contener hasta 200 veces más manganeso que la leche de lactancia natural y como su exceso se acumula en los órganos internos, incluyendo el cerebro, podría producir daños”.

Al respecto Soy Online Service da una cifra concreta: “Alrededor del 8% del exceso de manganeso de la dieta es almacenado en el cerebro, muy cerca de las neuronas que producen dopamina, responsable en parte del desarrollo biológico adolescente. Las implicaciones de ello son que uno de cada ocho bebés alimentados con fórmulas de soja durante los primeros seis meses de vida podría tener riesgo de sufrir alteraciones cerebrales y de comportamiento que no se hacen evidentes hasta la adolescencia”. De ahí que esa institución considere que se está poniendo innecesariamente en riesgo la adecuada actividad tiroidea de los bebés alimentados con fórmulas de soja, cuestión a la que dedica varios artículos que el lector interesado podrá encontrar fácilmente en su web o resumidos en el texto Fórmulas infantiles a base de soja: hay motivos para preocuparse que firmado por los doctores Sue Dibb y Mike Fitzpatrick se publicó en el n° 72 de Medicina Holística.

No puede por ello extrañar que enSoy Online Service se llegue a afirmar: “Es irresponsable que los fabricantes de fórmulas de soja continúen arriesgando las tiroides de los bebés con su negativa a eliminar las isoflavonas de sus productos” Añadiendo: “Es absolutamente irresponsable y un signo de corrupción moral anunciar los beneficios anticancerígenos de la soja sin hacer mención alguna de que existen otros riesgos para la salud”. De ellos sí habla en cambio Alfredo Embid cuando dice: “La soja, incluso aunque no sea transgénica, produce numerosas patologías; están documentadas en la literatura científica desde hace años” Y añade: “La industria de la soja no puede excusarse ya que sabe que la soja es patógena desde hace decenas de años. Por ejemplo, sabe que la soja contiene agentes bociógenos desde hace más de 60 años”.

Embid hace un amplio resumen de todos estos problemas en su texto que reproducimos por su interés e importancia: “La soja produce:

-“Alteraciones alérgicas -especialmente en niños-y casos de alopecia. La proteína de soja se encuentra en el segundo lugar de la lista de alimentos que producen alergias y genera el 25% de las reacciones graves”.

-“Alteraciones del sistema nervioso” Entre ellas un envejecimiento acelerado del cerebro. De hecho menciona que “un estudio realizado por el Centro Epidemiológico de Hawai (Estados Unidos) durante más de 30 años sobre 7.000 hombres demostró que el tofu aceleraba la pérdida de peso cerebral en personas de edad y que cuanta más soja tomaban peores eran sus habilidades mentales”.

-“Alteraciones del comportamiento. Como aumento de la ansiedad, del estrés, disminución de los comportamientos sociables, aumento del comportamiento agresivo y, paradójicamente, también del comportamiento de sumisión en animales alimentados con soja”.

-“Alteraciones del sistema inmunitario. La genisteína (una de las proteínas de la soja) tiene efecto inmunosupresor y produce alteraciones atróficas del timo. La exposición a fitoestrógenos durante el embarazo y la lactancia se ha relacionado con la aparición de enfermedades autoinmunes en los niños”.

-“Alteraciones endocrinas. En estudios que datan de la década de los 50 del siglo pasado ya se demostró que la soja causa trastornos endocrinos en animales”. Y entre esas alteraciones endocrinas cita alteraciones del páncreas (“los niños alimentados con fórmulas de soja tienen el doble de diabetes”) y alteraciones del tiroides (“la soja contiene sustancias que debilitan la función de la glándula tiroides ■ Es bociógena. La genisteína es un inhibidor de la peroxidasa tiroidea más poderoso que los medicamentos normales anti-tiroideos”). Y añade que “se ha descrito aumento de la TSH hipofisiaria (siglas en inglés de la hormona tirotropina) en respuesta a su acción antitiroidea, bocio difuso, hipotiroidismo (con sus síntomas asociados: estreñimiento, letargia, fatiga, etc,), tiroiditis autoinmune subaguda (los niños alimentados con fórmulas a base de soja tiene el triple de enfermedades autoinmunes del tiroides, según un estudio del Departamento de Pediatría del Hospital Universitario Cornell de North Shore Manaste, Nueva Cork , Estados Unidos) y hasta cáncer de tiroides”. Continúa luego explicando Embid en su artículo que al inhibir la peroxidasa tiroidea -necesaria para fabricar las hormonas tiroideas T3-T4- “la genisteína causa daño irreversible a las enzimas que sintetizan las hormonas de la tiroides”.

Otro dato relevante a este respecto es que ya en 1988 el doctor Theodore Kay de la Facultad de Medicina de la Universidad de Kyoto (Japón), señalaría que “sabemos desde hace medio siglo que las ratas y los humanos alimentados con soja -especialmente los niños y las mujeres- sufren agrandamientos de la tiroides”

Asimismo, dentro de estas posibles alteraciones endocrinas que podría provocar la soja no fermentada Alfredo Embid recuerda que “contiene fitoestrógenos cuya acción se puede combinar con otros disruptores endocrinos y xenoestrógenos responsables de alteraciones en las hormonas sexuales, alteraciones del comportamiento sexual, aparición de la pubertad precoz, anomalías congénitas del tracto genital masculino (de hecho, como publica el Soy Online Service, la mayor incidencia de este tipo de defectos se ha registrado en bebés varones nacidos de madres vegetarianas consumidoras de soja), disminución de la fertilidad y disminución de andrógenos”. A lo que habría que sumar que “hay pruebas de que las isoflavonas de la soja genisteína y daidzeína son genotóxicas para el esperma humano”. -‘‘Aumento de malformaciones en el nacimiento. Como criptorquideas, hipospadias, espina bífida, piernas deformes o ausencia de algún órgano y abortos”. A este respecto el Soy Online Service recoge los resultados de las investigaciones llevadas a cabo por la Universidad John Hopkins (EEUU) que apoyan “la potencial conexión entre el consumo de isoflavonas durante el embarazo, las alteraciones tiroideas y los defectos de nacimiento”.

-“Alteraciones del material genético. Se han descrito alteraciones de los mecanismos reparadores naturales de las aberraciones cromosómicas y otras alteraciones negativas del ADN”.

Embid también es rotundo a la hora de desmitificar la creencia de que el consumo de soja previene el cáncer: “El consumo de soja -afirma- no sólo no previene el cáncer sino que puede
fomentar los cánceres ginecológicos y tiroideos” Asegurando que se han descrito en la literatura científica “cáncer de páncreas, mayor tasa de cáncer y leucemia infantil, mayor riesgo de desarrollar cáncer de mama, aumento de cánceres de la vulva, aumento del riesgo de cáncer en la glándula tiroides, aumento de la incidencia de hiperplasia endometrial (estadío precursor del cáncer de útero) y aumento del riesgo de cáncer en la glándula tiroidesTodo ello porconsumir soja.

Además recuerda que en el procesamiento industrial de la soja se produce lisinealina -sustancia cancerígena- y que los solventes utilizados dejan otros residuos cancerígenos como el hexano. Cabe añadir que hay otros artículos en la web de Soy Online Service que recogen resultados de nuevas y preocupantes investigaciones. Por ejemplo la del doctor Craig Dees -del Laboratorio Nacional de Oak Ridge (California, EEUU)- que ha encontrado que “las isoflavonas de la soja hace que se reproduzcan las células cancerosas de mama” por lo que concluye que “las mujeres no deben tomar productos derivados de la soja”.

Y resultados similares obtendría el doctor William Helferich -de la Universidad de Illinois (EEUU)- quien afirma que “existe la posibilidad de que la genisteína en la dieta estimule el crecimiento de tumores dependientes del estrógeno en los humanos con bajos niveles de estrógeno endógeno circulando tales como los encontrados en las mujeres postmenopáusicas”.

Tampoco está claro, según Embid, que la soja reduzca el colesterol y el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares pues este alimento “contiene hemaglutininas, unas sustancias que promueven la formación de coágulos sanguíneos responsables de accidentes cerebrovasculares, trombosis, etc.”

Bien, pues a todo esto habría que añadir que casi el 95% de la soja que llega a nuestras mesas es transgénica por lo que los productos derivados de ella serían aún más tóxicos y las consecuencias de su consumo impredecibles. “Se ha comprobado experimentalmente -explica Embid en su artículo- que el ADN transgénico ingerido en alimentos se puede recombinar en el estómago y el intestino humanos transfiriendo a las bacterias de la flora intestinal propiedades de las plantas transgénicas como, por ejemplo, la resistencia a antibióticos”.

ADVERTENCIAS “DESDE DENTRO”

Agregaremos que uno de los mayores ataques que ha recibido la industria de la soja es la carta de protesta firmada por dos científicos de la propia FDA norteamericana con la que en 1999 trataron de impedir que ese organismo avalara sus presuntos beneficios o, al menos, conseguir que se incluyeran advertencias sobre su consumo en las etiquetas de todos los productos que la contuvieran. Vano intento. Nos referimos a Daniel Sheehan -por entonces director del Programa Básico de Estrógenos de la División de Toxicología Genética y Reproductiva de la FDA- y a Daniel Doerge -que en ese momento ocupaba igualmente un alto cargo en la División de Toxicología Bioquímica de la organización-. Dirigida al Departamento de Salud y Servicios Humanos de la propia FDA en ella se decía, entre otras cosas, que “existe evidencia abundante de que algunas isoflavonas que se encuentran en la soja, incluyendo la genisteína y el equol -un metabolito de la daidzeína-, tienen efectos tóxicos en tejidos sensibles a los estrógenos y en la glándula tiroidea” a la par que recordaban que desde 1988 la FDA tenía en su poder un informe remitido por el Gobierno británico sobre los fitoestrógenos de la soja en el que ya se afirmaba que “no habían logrado encontrar evidencia de sus beneficios” y de paso advertían sobre sus “potenciales efectos adversos”. Por si todo ello fuera poco la FDA tenía conocimiento desde 1991 de que investigadores japoneses habían descubierto que el consumo de una cantidad tan pequeña como 30 gramos o 2 cucharadas de soja al día durante un mes conduce a un incremento significativo de la ya mencionada hormona hipofisiaria tirotropina. Además algunos de los voluntarios del estudio desarrollaron bocio difuso e hipotiroidismo y varios más se quejaron de estreñimiento, fatiga y letargia. Años después investigadores del propio Centro Nacional para Investigación Toxicológica de la FDA para el que trabajaban Sheehan y Doerge hicieron el embarazoso “descubrimiento” de que las sustancias que provocaban el bocio eran efectivamente esas isoflavonas.

Tiempo después Sally Fullon -periodista especializada en investigación y autora de varios libros además de presidenta de la Fundación Weston A. Price, institución sin ánimo de lucro que publica estudios e informes sobre nutrición y salud humana- recogería el testigo de Sheehan y Doerge y, de hecho, lleva años denunciando las estratagemas de la industria de la soja y la pasividad cómplice de las autoridades. Como que la industria venda la soja al consumidor de alto poder adquisitivo “no como una comida barata sino como una sustancia milagrosa que previene las enfermedades coronarias y el cáncer, elimina los sofocos en la menopausia, fortalece los huesos y nos mantiene siempre jóvenes. Para ello la competencia -carne, leche, queso, mantequilla y huevos- ha sido debidamente demonizada en los organismos gubernamentales. La presión para introducir más soja ha sido implacable desde entonces y su alcance global hasta el punto de que la proteína de soja se encuentra ya en la mayoría de los panes de los supermercados. La publicidad ha sido tan eficaz que la venta de productos de soja es hoy notable cuando hace sólo unas décadas ni siquiera se consideraba adecuada para comer ni en Asia”. En su denuncia explica asimismo que en realidad “los chinos no comen productos de soja no fermentados -como sí hacen en el caso de otras legumbres como las lentejas- porque contienen grandes cantidades de toxinas naturales o antinutrientes que son potentes inhibidores de la tripsina y otras enzimas necesarias para la digestión de las proteínas. Tales inhibidores son proteínas grandes y compactas que no se desactivan al cocinarlas y pueden producir graves desórdenes gástricos, digestión incompleta de las proteínas e insuficiencia crónica en la absorción de aminoácidos. En animales de laboratorio dietas altas en inhibidores de tripsina causan agrandamiento del páncreas y otras condiciones patológicas, cáncer incluido”.

En su web -www.westonaprice.org- Fullon habla luego de otros componentes de la soja potencialmente dañinos. Es el caso de la hemaglutinina , “una sustancia coaguladora que hace que los glóbulos rojos se junten” Y añade: “Tanto los inhibidores de tripsina como los de hemaglutinina son inhibidores del crecimiento. Ratas destetadas alimentadas con soja que contenía dichos nutrientes no conseguían crecer normalmente. Los componentes que inhiben el crecimiento se desactivan durante el proceso de fermentación”.

En cuanto al antes mencionado ácido fítico que puede bloquear la absorción de minerales explica que es “altamente resistente a las técnicas normales de reducción de fitatos con métodos de cocción lenta a baja temperatura. Por tanto los vegetarianos que consumen tofu como sustitutivo de la carne y de los productos lácteos se arriesgan a sufrir graves déficits de minerales. Los resultados de déficits de calcio, magnesio y hierro son bien conocidos pero no tanto los que provoca un déficit de zinc. Y a éste se le conoce como el mineral inteligente porque se necesita para un óptimo desarrollo y funcionamiento del cerebro y del sistema nervioso. Bueno, pues los fitatos presentes en la soja interfieren con la absorción del zinc más que en otros minerales. Sólo un largo periodo de fermentación reduce significativamente el contenido de fitatos de la soja”. Luego continúa explicando: “En experimentos dietéticos se ha comprobado que el uso de concentrado de proteínas de soja incrementa en el organismo las necesidades de vitaminas B12 D, E y K’.

Fullon arremete igualmente contra los mitos recientemente creados sobre la soja. Especialmente contra los que dicen que su ingesta ayuda frente al exceso de colesterol, el cáncer o la osteoporosis. Respecto del colesterol afirma que las evidencias científicas de la

capacidad de la soja para reducir el colesterol derivan en su mayoría de un metaanálisis realizado en 1995 por el doctor James Anderson solo que el mismo -se publicó en The New England Journal of Medicine- lo patrocinó la empresa Protein Technologies International.Y en cuanto a sus resultados explica que “el informe publicado sugiere que los individuos con un nivel de colesterol superior a 250 mg/dl experimentaron una reducción significativa de entre un 7 y un 20% al sustituirles la proteína animal por la de soja mientras en personas con un nivel de colesterol inferior a 250 mg/dl la reducción era en cambio insignificante. Y eso implica que en el caso de la mayoría de las personas comerse una hamburguesa vegetal en lugar de un filete no va a reducir su nivel de colesterol”.

Fullon denuncia asimismo el que compañías que comercializan proteínas de soja afirmen cosas como “además de proteger el corazón la soja ha demostrado tener poderosas propiedades anticancerígenas. Los japoneses, que comen 30 veces más soja que los norteamericanos, tienen una incidencia menor de cánceres de pecho, útero y próstata” Un “argumento” al que esta investigadora responde que “eso podría ser cierto pero también que los japoneses y los asiáticos en general tienen unos niveles más altos de otros tipos de cáncer; en concreto de esófago, estómago, páncreas e hígado. Los asiáticos de todo el mundo presentan también altos niveles de cáncer de tiroides. Así que la misma lógica que deduce que hay un nexo de unión entre los bajos niveles de esos cánceres y el consumo de soja requiere también que se atribuya a la soja los altos niveles de cánceres de tiroides y del sistema digestivo; especialmente cuando se sabe que la soja provoca esos cánceres en ratas de laboratorio” (en este sentido cabe explicar además algo importante: en Japón el consumo de soja no fermentada es muy escaso pues supone menos de dos cucharaditas al día).

Fullon recuerda que las supuestas propiedades anticancerígenas de la soja se deben a un metaanálisis hecho en 1994 por Mark Messina -médico y profesor adjunto en la Universidad de Loma Linda (California, Estados Unidos)- que se publicó en Cáncer y Nutrición y cuenta: “Messina apuntó que de 26 estudios con animales en el 65% se encontraron efectos protectores de la soja. Pero de forma claramente interesada pasó por alto incluir un estudio según el cual la soja provoca cáncer de páncreas. Además en los estudios humanos citados los resultados estaban mezclados. Unos pocos mostraban algunos efectos protectores pero la mayoría no mostraban ninguna correlación entre el consumo de soja y las tasas de cáncer”. Fullon explica luego que por eso su conclusión fue que “los datos de este estudio no pueden ser usados como base para afirmar que un incremento del consumo de soja reduce los riesgos de padecer cáncer”. Bueno, pues resulta que Messina escribiría luego un libro titulado La soja y tu salud en el que con total desfachatez afirmaba justo lo contrario y recomendaba tomar una taza o 230 gramos de productos de soja al día “como cantidad óptima para prevenir el cáncer”. Por lo que se refiere a la osteoporosis Fullon afirma que “la aseveración de que la soja previene la osteoporosis resulta extraordinaria ya que bloquea la absorción de calcio y causa déficit de vitamina D. Si los asiáticos tienen niveles más bajos de osteoporosis que los occidentales -explica-es porque su dieta es rica en vitamina D procedente de las gambas, el tocino y los mariscos así como del abundante calcio contenido en los caldos hechos con huesos”. No se debería pues a la soja.

Fullon analizaría también qué pasa cuando se alimenta a bebés con soja. Y escribe: “Aproximadamente el 25% de los niños que no son amamantados en Estados Unidos toman sustitutivos a base de soja, un porcentaje mucho mayor que en otras zonas del mundo. Y se ha calculado que un bebé alimentado exclusivamente con este tipo de sustitutivo de la leche recibe el equivalente en estrógenos -respecto a su peso corporal- de al menos cinco píldoras anticonceptivas al día”. Realmente inconcebible. Y agrega al respecto: “Para muchos investigadores los futuros patrones de orientación sexual pueden verse también influidos por esta exposición temprana a hormonas. Además es alarmante el número de casos de niñas alimentadas con soja cuando eran lactantes que alcanzan la pubertad mucho más temprano de lo normal. Temprana maduración de las niñas que normalmente provoca más tarde problemas en el sistema reproductivo, incluidos problemas con la menstruación, con la infertilidad y con el cáncer de mama”.

Terminamos indicando que según el doctor Lon White -especialista en Medicina Geriátrica de la Escuela de Medicina John A. Burns de la Universidad de Hawai (Estados Unidos)- hay una relación significativa entre el consumo diario de dos o más raciones de tofu y una aceleración del envejecimiento cerebral. El estudio que efectuó constataría entre las personas estudiadas que quienes habían consumido habitualmente soja en su edad adulta tenían sus capacidades cognitivas más disminuidas y mayor incidencia de alzheimer y demencia. “Aquellos que comieron tofu -llegaría a afirmar-parecían cinco años más viejos al llegar a los 75 o 80”. White y sus colaboradores atribuyeron esos efectos negativos a las isoflavonas de la soja. Los resultados confirmarían así los de otro estudio anterior que constató que las mujeres postmenopáusicas con altos niveles de estrógenos en sangre experimentaban mayor declive cognitivo que las que no ingerían isoflavonas de soja.

Resumiendo, la industria alimentaria sabe desde hace años que la soja -incluida la que no es transgénica- contiene toxinas y antinutrientes que pueden perjudicar la salud pero se ha limitado a pregonar sus bondades ocultando interesadamente los datos que podrían estropearle el negocio. Hoy, gracias a las voces de algunos disidentes, los consumidores empezamos a ser conscientes de que los procesos industriales no logran eliminar completamente los agentes patógenos que contienen como aseguran los vendedores de productos de soja.

En suma, son cada vez más los expertos que afirman que los productos fermentados de soja -el miso, el tempeh, la salsa de soja y el natto- se pueden ingerir pero con mucha moderación porque si no también son dañinos pero no es en modo alguno aconsejable ingerir los productos que contienen ese alimento sin fermentar, leche de soja incluida.

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MALAS COSTUMBRES XI

COMO SUPERAR ESTO

azucar+refinadoUn estudio publicado en The Journal Obesity mostró que cuando se lleva una alimentación alta en azúcares y cereales, el azúcar se metaboliza en grasa (es almacenada como grasa en las células grasas), que a su vez se libera en forma de leptina (hormona que se encarga de los receptores de sabor en su lengua, aumentando o reduciendo el deseo por alimentos dulces). Con el tiempo, si uno se expone mucho a la leptina, se volverá resistente a ella (del mismo modo como puede volverse resistente a la insulina) y el cuerpo ya no “escuchará” los mensajes que le dicen que pare de comer, seguirá sintiendo hambre y almacenará más grasa.

Entonces, “limpiar” el paladar de cereales y azúcares para eliminar la respuesta aprendida sobre estos alimentos, resulta clave para acabar con la adicción. Y para ello nos puede ayudar una Nutrición Vitalizante, ya que el alimento vivo tiene esa capacidad. En la conducta adictiva también juega un papel importante la percepción de la realidad. Cuando leemos la realidad en forma distorsionada (a causa del colapso hepático que condiciona nuestra respuesta emocional) y vemos al vaso “medio vacío” en lugar de “medio lleno”, es obvio que tendemos consciente o inconscientemente a llenar ese vacío (irreal). Si uno percibe su vida como algo “chato” o “gris”, es natural como mecanismo de supervivencia, buscar algo que le dé “brillo y color”. Algunos lo logran mediante la tarjeta de crédito, el sexo, el alcohol, el poder o las drogas. Otros lo resuelven a través de la comida. Socialmente bien visto, legal y profusamente estimulado, el alimento se convierte en aquello que “le da sentido y valor a la vida”. En contrapartida, los testimonios de las personas que llevan a término su limpieza hepática profunda, coinciden en señalar “como no me había dado cuenta que el vaso siempre estuvo medio lleno y yo estuve siempre completo, sin necesidad de rellenos externos” ó “ahora es fácil tomar las riendas de mi vida, sin depender de nada”. Son todas evidencias sobre la necesidad de ver en forma integrada el trabajo de reordenamiento corporal, como condición necesaria para resolver nuestros problemas crónicos, a partir de una correcta percepción de la realidad.

Datos obtenidos de:

Guía para una nutrición evolutiva – 1995 Salbe Ediciones Pandiani, M. y Watts, D. – Guia para la correcta utilización de vitaminas y minerales en nutrición – 1991 Tecniche Nuove Roediger Streubel, Stefanie – Minerales y oligoelementos para su salud – 1996 Robin Book Universidad Liebig – Gran guía de la composición de los alimentos – 1991 Oasis Ursell, Amanda – Alimentos saludables – 2001 Editorial El Ateneo Valerio, Nico – Alimentación natural -1992 Arnoldo Mondadori Editores Varios – Sistema de análisis y tratamiento nutricional – 2002 Cadre Editores

Rodriguez-Amaya D. Changes in carotenoids during processing and storage of foods. Archivos Latinoamericanos de Nutrición 1999; 49(1-S): 38-47.

Butz P, Fernández García A, Lindauer R, Dieterich S, Bognár A, Tauscher B. Influence of ultra high pressure processing on fruit and vegetable products. Journal of Food Engineering 2003; 56: 233-236.

Fennema OR. Química de los alimentos. Zaragoza: Acribia, S.A.; 1993.

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MALAS COSTUMBRES X

ENDORFINAS Y ALIMENTOS

AZUCARcopiaPero trigo, lácteos, papas y aditivos no son los únicos actores de la escenografía adictiva. No olvidemos a nuestras endorfinas, es decir, la “morfina endógena”. Y dichos péptidos se generan a partir de ciertos neurotransmisores que establecen determinados circuitos. Uno muy estudiado e influenciado por el alimento cotidiano es el circuito de la dopamina. Sus mecanismos se suelen describir como “la ruta de la dopamina”, circuitos cerebrales que comparten la cocaína y la heroína. La dopamina produce satisfacción y placer, siendo activada por sustancias como el alcohol, la nicotina, la cocaína, las anfetaminas… y los hidratos de carbono. También el gluten del trigo es un activador de la dopamina. En general todos los carbohidratos refinados (sacarosa, jarabe de maíz de alta fructosa, harina blanca, féculas) lo son; y este efecto de euforia fugaz está en el origen de las adicciones alimentarias. Rápidamente se genera un efecto de tolerancia, por el cual cada vez se necesitan dosis más altas para producir el mismo efecto. Este mecanismo hace sentir sus efectos también sobre la glucosa, la insulina y la serotonina, y se potencia cuando el carbohidrato refinado está acompañado por grasas. También la carne potencia estos efectos, estimulando la producción de insulina (aún más que las pastas) y aportando grasas. Esto nos permite comprender las razones adictivas que subyacen detrás de las combinaciones alimentarias más irresistibles y difíciles de abandonar, basadas en el quinteto lácteos/trigo/azúcares/carnes/grasas: o sea chocolate, pizzas, facturas, pastas, hamburguesas, papas fritas, gaseosas (con sus omnipresentes dosis copiosas de azúcares y cafeína)… ¿Comprende porque “morimos de ganas” por estas cosas y no por una manzana o una planta de apio?

Como vimos antes, otro elemento que genera opiáceos adictivos es la cocción, sobre todo cuando supera los 100ºC, algo común en horneados, frituras y grillados. Como bien saben los fabricantes de aditivos saborizantes, al calentarse proteínas (sobre todo de leche y trigo) y azúcares, se generan las llamadas aminas heterocíclicas, sustancias exactamente iguales a las que aporta el cigarrillo y de similares efectos adictivos, con el agravante que consumimos más volumen de comida que de cigarrillos.